MAS CONSIGNAS DE LA TAREA DE VACACIONES PROPUESTA PARA 2020
Comparto aquí, relacionado con el tema de los tipos de narrador que suelen aparecer en los textos narrativos : protagonista - testigo - omnisciente, la consigna de trabajo N° 1 que dice así :
1- a) Narrar un suceso extraordinario real u onírico - la aparición de un fantasma, por ejemplo, o la de un ángel, o el acontecer de un tornado - empleando un Narrador Omnisciente.
b) Misma consigna, pero empleando un Narrador Protagonista.
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A modo de ejemplo, les dejo mi trabajo en ese sentido
SUCESO EXTRAORDINARIO NARRADO POR PROTAGONISTA
"La brisa, esa tarde, se mecía dulcemente. No era un día como otros. La isla no solía ofrecer demasiadas sorpresas, a lo sumo, un cardumen de sardinas o la irrupción de una bandada de gaviotas, fuera de eso, sólo, las reuniones de los pescadores entrada ,la tarde, luego de la paga, en el burdel de don Francisco, o la llegada de los artistas, al final del bimestre, trayendo cada vez, un nuevo truco u ofreciendo a la venta una loción que combatiera la caída del cabello, la sequedad de la piel , o las caries tan frecuentes en los moradores por el excesivo consumo de sal o de bebidas dulces espirituosas.
Pero esa tarde, la atmósfera estaba enrarecida, el aire pesaba cargado de humedad. Los insectos y las aves sobrevolaban el lugar aturdidos y desorientados, parecía que estuviesen poniéndonos en sobre aviso, sin embargo, sólo unos pocos lo advertíamos . Los pescadores, abatidos tras una cosecha poco exitosa, bebían el ron echados a su suerte de soledad, hastío, destino atado a las redes y a la familia, para quien la tuviese, la mayoría había ido a parar allí como prófugo de otros destinos mal habidos.
No pasó mucho más rato cuando comenzó a anunciarse aquella brisa extraña entre las ramas de los árboles que se agitaban y danzaban al compás del movimiento de las olas.
Pero, repentinamente la energía comenzó a cambiar, la brisa se tornó en una ráfaga feroz, impiadosa, y pronto el cielo se cubrió de unos negros nubarrones.
- Rápido, alcemos las redes-, se escuchó decir entre los pescadores sin imaginar siquiera lo que ocurriría después, a los pocos segundos. Parecía que el mar se alzaba brioso, cobrando vida propia cuando alcanzó su máxima altura, entonces, se derrumbó de golpe y arrasó, rumbo a la costa, con todo lo que encontró. Pronto la aldea se vio reducida a una mata de paja, escombros, redes, troncos, animales ahogados ... Sólo los más previsores logramos salvarnos de la hecatombe, escondiéndonos entre las rocas del acantilado...
No había sido una marea más, no, esta parecía haber sido mandada por el demonio", narraba el abuelo al nieto cuando se percató de que al final el relato había dado resultado, el niño se había quedado profundamente dormido.
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(narrado en tercera persona, narrador omnisciente)
"No había sido una marea más, no, esta parecía haber sido mandada por el demonio", narraba el abuelo al nieto cuando se percató de que al final el relato había dado resultado, el niño se había quedado profundamente dormido ... Antes le había estado contando con lujo de detalles,( acaso demasiados detalles innecesarios o imaginados), la irrupción de una gigantesca e inusual marea, casi de las dimensiones de un tsunami, y cómo la atmósfera se había enrarecido y el aire del Ecuador pesaba, cargado de humedad. Los insectos y las aves sobrevolaban el lugar aturdidas y desorientadas, poniendo en sobre aviso a la población. Los pescadores, abatidos tras una cosecha poco exitosa, bebían el ron echados a su suerte. No pasó mucho más rato cuando, comenzó a anunciarse aquella brisa entre las ramas de los árboles que se agitaban y danzaban. Pero, repentinamente la energía comenzó a cambiar y la brisa se tornó en una ráfaga feroz, impiadosa y pronto el cielo se cubrió de nubes. - Rápido, alcemos las redes-, se escuchó decir entre los pescadores sin imaginarse siquiera lo que ocurriría después, a los pocos segundos, narraba el abuelo. “Parecía que el mar se alzaba brioso, cobrando vida propia cuando alcanzó su máxima altura, entonces, se derrumbó de golpe y arrasó, rumbo a la costa, con todo lo que encontró. Pronto la aldea se vio reducida a una mata de paja, escombros, redes, troncos, animales ahogados ... Sólo los más previsores lograron salvarse de la hecatombe, escondiéndose entre las rocas del acantilado”.
Así el anciano ponía el broche de oro a la narración, al comprobar que el nieto, abatido ante la obligada costumbre de escuchar los relatos cargados de delirio del abuelo, o porque esa sería la enésima vez que escuchaba el mismo relato, el del casi tsunami, se había quedado profundamente dormido.
Olga Severgnini – San Lorenzo, 1° de julio de 2017
1- a) Narrar un suceso extraordinario real u onírico - la aparición de un fantasma, por ejemplo, o la de un ángel, o el acontecer de un tornado - empleando un Narrador Omnisciente.
b) Misma consigna, pero empleando un Narrador Protagonista.
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A modo de ejemplo, les dejo mi trabajo en ese sentido
SUCESO EXTRAORDINARIO NARRADO POR PROTAGONISTA
"La brisa, esa tarde, se mecía dulcemente. No era un día como otros. La isla no solía ofrecer demasiadas sorpresas, a lo sumo, un cardumen de sardinas o la irrupción de una bandada de gaviotas, fuera de eso, sólo, las reuniones de los pescadores entrada ,la tarde, luego de la paga, en el burdel de don Francisco, o la llegada de los artistas, al final del bimestre, trayendo cada vez, un nuevo truco u ofreciendo a la venta una loción que combatiera la caída del cabello, la sequedad de la piel , o las caries tan frecuentes en los moradores por el excesivo consumo de sal o de bebidas dulces espirituosas.
Pero esa tarde, la atmósfera estaba enrarecida, el aire pesaba cargado de humedad. Los insectos y las aves sobrevolaban el lugar aturdidos y desorientados, parecía que estuviesen poniéndonos en sobre aviso, sin embargo, sólo unos pocos lo advertíamos . Los pescadores, abatidos tras una cosecha poco exitosa, bebían el ron echados a su suerte de soledad, hastío, destino atado a las redes y a la familia, para quien la tuviese, la mayoría había ido a parar allí como prófugo de otros destinos mal habidos.
No pasó mucho más rato cuando comenzó a anunciarse aquella brisa extraña entre las ramas de los árboles que se agitaban y danzaban al compás del movimiento de las olas.
Pero, repentinamente la energía comenzó a cambiar, la brisa se tornó en una ráfaga feroz, impiadosa, y pronto el cielo se cubrió de unos negros nubarrones.
- Rápido, alcemos las redes-, se escuchó decir entre los pescadores sin imaginar siquiera lo que ocurriría después, a los pocos segundos. Parecía que el mar se alzaba brioso, cobrando vida propia cuando alcanzó su máxima altura, entonces, se derrumbó de golpe y arrasó, rumbo a la costa, con todo lo que encontró. Pronto la aldea se vio reducida a una mata de paja, escombros, redes, troncos, animales ahogados ... Sólo los más previsores logramos salvarnos de la hecatombe, escondiéndonos entre las rocas del acantilado...
No había sido una marea más, no, esta parecía haber sido mandada por el demonio", narraba el abuelo al nieto cuando se percató de que al final el relato había dado resultado, el niño se había quedado profundamente dormido.
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(narrado en tercera persona, narrador omnisciente)
"No había sido una marea más, no, esta parecía haber sido mandada por el demonio", narraba el abuelo al nieto cuando se percató de que al final el relato había dado resultado, el niño se había quedado profundamente dormido ... Antes le había estado contando con lujo de detalles,( acaso demasiados detalles innecesarios o imaginados), la irrupción de una gigantesca e inusual marea, casi de las dimensiones de un tsunami, y cómo la atmósfera se había enrarecido y el aire del Ecuador pesaba, cargado de humedad. Los insectos y las aves sobrevolaban el lugar aturdidas y desorientadas, poniendo en sobre aviso a la población. Los pescadores, abatidos tras una cosecha poco exitosa, bebían el ron echados a su suerte. No pasó mucho más rato cuando, comenzó a anunciarse aquella brisa entre las ramas de los árboles que se agitaban y danzaban. Pero, repentinamente la energía comenzó a cambiar y la brisa se tornó en una ráfaga feroz, impiadosa y pronto el cielo se cubrió de nubes. - Rápido, alcemos las redes-, se escuchó decir entre los pescadores sin imaginarse siquiera lo que ocurriría después, a los pocos segundos, narraba el abuelo. “Parecía que el mar se alzaba brioso, cobrando vida propia cuando alcanzó su máxima altura, entonces, se derrumbó de golpe y arrasó, rumbo a la costa, con todo lo que encontró. Pronto la aldea se vio reducida a una mata de paja, escombros, redes, troncos, animales ahogados ... Sólo los más previsores lograron salvarse de la hecatombe, escondiéndose entre las rocas del acantilado”.
Así el anciano ponía el broche de oro a la narración, al comprobar que el nieto, abatido ante la obligada costumbre de escuchar los relatos cargados de delirio del abuelo, o porque esa sería la enésima vez que escuchaba el mismo relato, el del casi tsunami, se había quedado profundamente dormido.
Olga Severgnini – San Lorenzo, 1° de julio de 2017
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